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Del 16 al 21 de febrero Madrid se convertirá en la capital del arte contemporáneo, acogiendo cuatro ferias: ARCO, ArtMadrid, JustMad y Dearte. Coleccionistas y amantes del arte podrán disfrutar y comprar arte en un momento en el que el mercado internacional comienza a recuperarse.

Pese a la tendencia alcista de los años 2004-2008, donde los precios crecieron un 67% (fuente: Artprice) y con una rentabilidad media anual del 10% (fuente: Mei Moses), a partir del 2008 el mercado se caracteriza por una profunda crisis derivada de la recesión internacional.

Según Artprice, el porcentaje de los lotes no vendidos retirados de subasta fue del 45 % en el 2008 frente al 37% del año anterior. Por otro lado, el índice de precios global de Artprice mostró una corrección severa de precios del -30 %, reflejando el índice de confianza AMCI de Artprice su nivel más bajo, un -26,6%.

El 2009 supone el comienzo de la recuperación con una contracción sólo del 10%. El nuevo decenio se ha inaugurado con buenos resultados Christie’s facturó 61 millones frente a los 48 millones que estimaba, y Sotheby’s recaudó 106 millones, frente a 68 millones previstos. Todos los datos señalan que el mercado se está recuperando, siendo un buen momento para la compra de arte.

La creación de proyectos culturales lleva implícita la viabilidad en su ejecución que, muchas veces depende no sólo de la calidad y originalidad del proyecto, sino de su capacidad de ser financiado. El presente artículo pretende ser un resumen teórico-práctico sobre cómo obtener una financiación exitosa de proyectos culturales.

Es de nuestro interés delimitar, primeramente, aquellas organizaciones objeto de estudio que se enmarcarían dentro del llamado tercer sector, concretamente las culturales. Al igual que otras organizaciones, la viabilidad de sus proyectos depende del éxito en la captación de fondos.

Por captación de fondos o fundraising[1] entendemos el conjunto de técnicas encaminadas a la consecución de colaboración y recursos económicos para una finalidad concreta. Generalmente se utilizan técnicas de comunicación y marketing precisas, comunes a otros sectores. El éxito de nuestra campaña dependerá que consigamos la colaboración económica adecuada en un momento preciso para un proyecto concreto.

La captación de fondos es una actividad básica de supervivencia y necesita una planificación y control estrictos. El primer paso sería la definición de la misión, los objetivos generales y cómo se enmarcan dentro del proyecto que queremos financiar. La coherencia de los mismos, nos facilitará su viabilidad y ejecución posterior.

Montraveta et al (2002)[2] identifican los principios básicos en la captación de fondos: diversificación, complicidades y redes, oportunidad, riesgo, transparencia, ética y confianza.

Por diversificación se entiende la ampliación de nuestra estructura de financiación lo más posible teniendo en cuenta los recursos propios, los públicos y los privados. La diversificación nos va a permitir ampliar nuestro horizonte de complicidades, sumar voluntades a nuestra causa, ganar prestigio y credibilidad social, garantizar la supervivencia financiera, combatir riesgos y conseguir una organización viable y sostenible.

Cuando captamos fondos hacemos algo más que buscar dinero, lo que estamos consiguiendo es sumar fuerzas, reunir complicidades, establecer redes, buscar adhesiones para fortalecer la misión, garantizar nuestro funcionamiento y consolidad nuestra organización.

La oportunidad, como principio de la captación de fondos, está vinculada a identificar la necesidad que queremos satisfacer teniendo en cuenta un público objetivo dentro de un calendario de actuación.

Las organizaciones tendrán que ser conscientes de los riesgos o contingencias que se exponen sino se calcula el posible alcance y efectos derivados de nuestro proyecto. Aquellas con un perfil más innovador serán a la par más arriesgadas, pero a la vez presentarán proyectos más diferenciados frente a aquellas organizaciones imprudentes que introducen cambios sin conexión con la realidad.

La transparencia es un elemento cada vez más tenido en cuenta, fundamentalmente desde el punto de vista de las cuentas contables, puesto que, a menudo, se gestiona dinero público y, siempre, es dinero de los demás.

A la hora de captar fondos buscamos una relación de equilibrio con la ética, por tanto, en el planteamiento y estrategia el fin no justifica los medios, no podemos usar una doble moral aceptando fondos de cualquier procedencia y debemos emplear con contundencia los conceptos de credibilidad, confianza y transparencia.

Por último, la confianza estaría vinculada con los dos conceptos anteriores de transparencia y ética, ya que, desde el punto de vista del donante, para conseguir su confianza hay que conocer sus necesidades y ser capaces de satisfacerlas.

Definidos los principios básicos en la captación de fondos, habría que realizar un diagnóstico de la organización para pasar, posteriormente, a la planificación estratégica del proyecto.

Para efectuar un diagnóstico efectivo y real de nuestra organización hay que realizar un análisis interno de nuestros puntos fuertes y débiles y, un diagnóstico del entorno, las oportunidades y amenazas. En la literatura del marketing y gestión es lo que se denomina el análisis DAFO[3]

Análisis DAFO

Fortalezas

Debilidades

Análisis
Interno

Capacidades distintas
Ventajas naturales
Recursos superiores

Recursos y capacidades escasas
Resistencia al cambio
Problemas de motivación del personal

Oportunidades

Amenazas

Análisis
Externo

Nuevas tecnologías
Debilitamiento de competidores
Posicionamiento estratégico

Altos riesgos – Cambios en el entorno

Para la elaboración del diagnóstico interno hay que tener en cuenta: la estructura de la organización, las competencias distintivas y con cierto nivel de excelencia, y los recursos disponibles y potenciales. Por otro lado, analizar qué está sucediendo en el exterior supone centrar nuestra atención a la competencia, a los colaboradores y a las tendencias (sociales, económicas, tecnológicas, etc.),.

De la combinación de fortalezas con oportunidades surgen las potencialidades, las cuales señalan las líneas de acción más prometedoras para la organización. Las limitaciones, determinadas por una combinación de debilidades y amenazas, colocan una seria advertencia. Mientras que los riesgos (combinación de fortalezas y amenazas) y los desafíos (combinación de debilidades y oportunidades), determinados por su correspondiente combinación de factores, exigirán una cuidadosa consideración a la hora de marcar el rumbo que la organización deberá asumir hacia el futuro deseable.

Tan importante como la correcta definición de la misión y objetivos generales de la organización, es la creación de un proyecto atractivo y concreto que queramos financiar. El proyecto ha de desarrollar de manera clara y concisa los siguientes puntos:

. Nombre: Ha de comunicar y vender la idea, contenido e intención

. Descripción: Destacar los puntos fuertes y despertar curiosidad

. Justificación y contexto: Definir las necesidades, la misión y los valores

. Objetivos: Detallar los objetivos generales y específicos

. Público: Determinar a quién dirigimos el proyecto

. Localización: Identificar la cobertura geográfica

. Equipo: Qué personas lo van a coordinar y ejecutar

. Plan de trabajo: Descripción de las fases y tiempos del proyecto

. Recursos: Enumerar los que se necesitan, los que tenemos y los que se deben conseguir y cómo

. Presupuesto: Detallar ingresos y gastos

. Evaluación: Sistema de control sobre los objetivos propuestos

Definido el proyecto habrá que delimitar a quién vamos a dirigir nuestra campaña de captación de fondos. La financiación podrá ser pública, corporativa o privada. Por pública se entiende aquellos fondos disponibles bajo el formato de subvención, convenios, contratos de servicios y conciertos. Por financiación privada se identifican los recursos propios y los ajenos, siendo estos procedentes de socios, donantes y colaboradores. Por último, la financiación corporativa será fruto del patrocinio, mecenazgo, marketing con causa y responsabilidad social corporativa de determinadas empresas y/o fundaciones sensibles a temas culturales.

Desde los años ochenta, la paulatina retirada del dinero publico en los países anglosajones para la financiación del sector del cultural, ha llevado a multinacionales a tomar el testigo del mecenazgo (Chin-tao Wu, 2002)[4]. En la captación de fondos a fundaciones y empresas se identifican varias fases. La primera, que se ha explicado con anterioridad, consiste en definir el proyecto y la fórmula que buscamos de colaboración. Una vez definido, hay que limitar las empresas o fundaciones a las que nos vamos a dirigir, teniendo en cuenta que los objetivos y valores de nuestra propuesta sean coherentse con los del potencial patrocinador. Habrá que identificar que valor añadido se aporta y cuáles son los puntos de convergencia de los distintos intereses. Todo ello conlleva la puesta en marcha y desarrollo de una base de datos que reúna toda la información necesaria como persona y datos de contacto, tipo de actividad, trayectoria de mecenazgo de la empresa, fechas y presupuesto disponible.

La siguiente etapa será la redacción de una carta personalizada adjuntando toda la información que se ha ido señalando en este artículo. En algunos casos, tendremos que ceñirnos a un calendario fijo de actuación, en otros podremos enviar nuestra solicitud de manera espontánea. Si la contestación a nuestra carta es la concretización de una entrevista, entonces tendremos que defender nuestro proyecto. Es de vital importante tenerlo muy bien preparado y organizado para hacer frente a cualquier pregunta. Más allá que la toma de contacto, la entrevista ha de servir para defender el beneficio de ambas partes para la ejecución y financiación del proyecto. En el caso que la respuesta a nuestra demanda sea positiva, se fijarán las condiciones por escrito y se negociarán las contraprestaciones y plazos de ejecución.

Para que nuestra labor de captación de fondos tenga un éxito total, tendremos que ser capaces de fidelizar a las fundaciones y empresas, de tal manera que se acaben convirtiendo en colaboradores habituales y que den un valor añadido a las actividades de nuestra organización.


[1] Maple P.(2003): “Marketing Strategy for Effective Fundraising”, DSC. Londres

[2] Montraveta et al (2002): “Cómo captar fondos con éxito”. Projecció mecenatge social. Barcelona

[3] Kothler (1995): “Strategic marketing for nonprofit organizations”. Prentice Hall, Nueva Yersey.

[4] Chin-tao Wu (2002) “Privatising Culture: Corporate art intervention since the 1980s”. Nueva York

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La creación de proyectos culturales lleva implícita la viabilidad en su ejecución que, muchas veces depende no sólo de la calidad y originalidad del proyecto, sino de su capacidad de ser financiado. El presente artículo pretende ser un resumen teórico-práctico sobre cómo obtener una financiación exitosa de proyectos culturales.

Es de nuestro interés delimitar, primeramente, aquellas organizaciones objeto de estudio que se enmarcarían dentro del llamado tercer sector, concretamente las culturales. Al igual que otras organizaciones, la viabilidad de sus proyectos depende del éxito en la captación de fondos.

Por captación de fondos o fundraising[1] entendemos el conjunto de técnicas encaminadas a la consecución de colaboración y recursos económicos para una finalidad concreta. Generalmente se utilizan técnicas de comunicación y marketing precisas, comunes a otros sectores. El éxito de nuestra campaña dependerá que consigamos la colaboración económica adecuada en un momento preciso para un proyecto concreto.

La captación de fondos es una actividad básica de supervivencia y necesita una planificación y control estrictos. El primer paso sería la definición de la misión, los objetivos generales y cómo se enmarcan dentro del proyecto que queremos financiar. La coherencia de los mismos, nos facilitará su viabilidad y ejecución posterior.

Montraveta et al (2002)[2] identifican los principios básicos en la captación de fondos: diversificación, complicidades y redes, oportunidad, riesgo, transparencia, ética y confianza.

Por diversificación se entiende la ampliación de nuestra estructura de financiación lo más posible teniendo en cuenta los recursos propios, los públicos y los privados. La diversificación nos va a permitir ampliar nuestro horizonte de complicidades, sumar voluntades a nuestra causa, ganar prestigio y credibilidad social, garantizar la supervivencia financiera, combatir riesgos y conseguir una organización viable y sostenible.

Cuando captamos fondos hacemos algo más que buscar dinero, lo que estamos consiguiendo es sumar fuerzas, reunir complicidades, establecer redes, buscar adhesiones para fortalecer la misión, garantizar nuestro funcionamiento y consolidad nuestra organización.

La oportunidad, como principio de la captación de fondos, está vinculada a identificar la necesidad que queremos satisfacer teniendo en cuenta un público objetivo dentro de un calendario de actuación.

Las organizaciones tendrán que ser conscientes de los riesgos o contingencias que se exponen sino se calcula el posible alcance y efectos derivados de nuestro proyecto. Aquellas con un perfil más innovador serán a la par más arriesgadas, pero a la vez presentarán proyectos más diferenciados frente a aquellas organizaciones imprudentes que introducen cambios sin conexión con la realidad.

La transparencia es un elemento cada vez más tenido en cuenta, fundamentalmente desde el punto de vista de las cuentas contables, puesto que, a menudo, se gestiona dinero público y, siempre, es dinero de los demás.

A la hora de captar fondos buscamos una relación de equilibrio con la ética, por tanto, en el planteamiento y estrategia el fin no justifica los medios, no podemos usar una doble moral aceptando fondos de cualquier procedencia y debemos emplear con contundencia los conceptos de credibilidad, confianza y transparencia.

Por último, la confianza estaría vinculada con los dos conceptos anteriores de transparencia y ética, ya que, desde el punto de vista del donante, para conseguir su confianza hay que conocer sus necesidades y ser capaces de satisfacerlas.

Definidos los principios básicos en la captación de fondos, habría que realizar un diagnóstico de la organización para pasar, posteriormente, a la planificación estratégica del proyecto.

Para efectuar un diagnóstico efectivo y real de nuestra organización hay que realizar un análisis interno de nuestros puntos fuertes y débiles y, un diagnóstico del entorno, las oportunidades y amenazas. En la literatura del marketing y gestión es lo que se denomina el análisis DAFO[3]

Análisis DAFO

Fortalezas

Debilidades

Análisis
Interno

Capacidades distintas
Ventajas naturales
Recursos superiores

Recursos y capacidades escasas
Resistencia al cambio
Problemas de motivación del personal

Oportunidades

Amenazas

Análisis
Externo

Nuevas tecnologías
Debilitamiento de competidores
Posicionamiento estratégico

Altos riesgos – Cambios en el entorno

Para la elaboración del diagnóstico interno hay que tener en cuenta: la estructura de la organización, las competencias distintivas y con cierto nivel de excelencia, y los recursos disponibles y potenciales. Por otro lado, analizar qué está sucediendo en el exterior supone centrar nuestra atención a la competencia, a los colaboradores y a las tendencias (sociales, económicas, tecnológicas, etc.),.

De la combinación de fortalezas con oportunidades surgen las potencialidades, las cuales señalan las líneas de acción más prometedoras para la organización. Las limitaciones, determinadas por una combinación de debilidades y amenazas, colocan una seria advertencia. Mientras que los riesgos (combinación de fortalezas y amenazas) y los desafíos (combinación de debilidades y oportunidades), determinados por su correspondiente combinación de factores, exigirán una cuidadosa consideración a la hora de marcar el rumbo que la organización deberá asumir hacia el futuro deseable.

Tan importante como la correcta definición de la misión y objetivos generales de la organización, es la creación de un proyecto atractivo y concreto que queramos financiar. El proyecto ha de desarrollar de manera clara y concisa los siguientes puntos:

. Nombre: Ha de comunicar y vender la idea, contenido e intención

. Descripción: Destacar los puntos fuertes y despertar curiosidad

. Justificación y contexto: Definir las necesidades, la misión y los valores

. Objetivos: Detallar los objetivos generales y específicos

. Público: Determinar a quién dirigimos el proyecto

. Localización: Identificar la cobertura geográfica

. Equipo: Qué personas lo van a coordinar y ejecutar

. Plan de trabajo: Descripción de las fases y tiempos del proyecto

. Recursos: Enumerar los que se necesitan, los que tenemos y los que se deben conseguir y cómo

. Presupuesto: Detallar ingresos y gastos

. Evaluación: Sistema de control sobre los objetivos propuestos

Definido el proyecto habrá que delimitar a quién vamos a dirigir nuestra campaña de captación de fondos. La financiación podrá ser pública, corporativa o privada. Por pública se entiende aquellos fondos disponibles bajo el formato de subvención, convenios, contratos de servicios y conciertos. Por financiación privada se identifican los recursos propios y los ajenos, siendo estos procedentes de socios, donantes y colaboradores. Por último, la financiación corporativa será fruto del patrocinio, mecenazgo, marketing con causa y responsabilidad social corporativa de determinadas empresas y/o fundaciones sensibles a temas culturales.

Desde los años ochenta, la paulatina retirada del dinero publico en los países anglosajones para la financiación del sector del cultural, ha llevado a multinacionales a tomar el testigo del mecenazgo (Chin-tao Wu, 2002)[4]. En la captación de fondos a fundaciones y empresas se identifican varias fases. La primera, que se ha explicado con anterioridad, consiste en definir el proyecto y la fórmula que buscamos de colaboración. Una vez definido, hay que limitar las empresas o fundaciones a las que nos vamos a dirigir, teniendo en cuenta que los objetivos y valores de nuestra propuesta sean coherentse con los del potencial patrocinador. Habrá que identificar que valor añadido se aporta y cuáles son los puntos de convergencia de los distintos intereses. Todo ello conlleva la puesta en marcha y desarrollo de una base de datos que reúna toda la información necesaria como persona y datos de contacto, tipo de actividad, trayectoria de mecenazgo de la empresa, fechas y presupuesto disponible.

La siguiente etapa será la redacción de una carta personalizada adjuntando toda la información que se ha ido señalando en este artículo. En algunos casos, tendremos que ceñirnos a un calendario fijo de actuación, en otros podremos enviar nuestra solicitud de manera espontánea. Si la contestación a nuestra carta es la concretización de una entrevista, entonces tendremos que defender nuestro proyecto. Es de vital importante tenerlo muy bien preparado y organizado para hacer frente a cualquier pregunta. Más allá que la toma de contacto, la entrevista ha de servir para defender el beneficio de ambas partes para la ejecución y financiación del proyecto. En el caso que la respuesta a nuestra demanda sea positiva, se fijarán las condiciones por escrito y se negociarán las contraprestaciones y plazos de ejecución.

Para que nuestra labor de captación de fondos tenga un éxito total, tendremos que ser capaces de fidelizar a las fundaciones y empresas, de tal manera que se acaben convirtiendo en colaboradores habituales y que den un valor añadido a las actividades de nuestra organización.


[1] Maple P.(2003): “Marketing Strategy for Effective Fundraising”, DSC. Londres

[2] Montraveta et al (2002): “Cómo captar fondos con éxito”. Projecció mecenatge social. Barcelona

[3] Kothler (1995): “Strategic marketing for nonprofit organizations”. Prentice Hall, Nueva Yersey.

[4] Chin-tao Wu (2002) “Privatising Culture: Corporate art intervention since the 1980s”. Nueva York

El debate sobre si subvencionar o privatizar varía en los países. En Estados Unidos los presupuestos gubernamentales son muy modestos frente a países europeos como Francia donde alcanza el 1% del total. Reino Unido se encuentra a medio camino siendo, fundamentalmente estatal pero complementado con donaciones privadas[1]. Es por tanto de interés analizar los planteamientos realizados por diversos autores a favor o en contra de esta postura.

En los debates sobre arte y cultura se suele despreciar el arte que se crea para el mercado calificándolo de «comercial». Se dice que esta forma de producción artística no puede evitar el mal gusto. La conclusión que se desprende es, pues, que el gobierno debe intervenir para garantizar la dignidad y la calidad del arte[2].En muchas manifestaciones del arte, sin embargo, el mercado es muy capaz de producir arte que los expertos consideran de alta calidad siguiendo el gusto popular.

El arte nuevo poco convencional se abre camino con la ayuda de «empresarios culturales», en el sentido en que emplea Joseph Schumpeter como aquel que apoya novedades progresistas con la esperanza de que aumente su demanda en el futuro. La esperanza de que un artista, hasta el momento desconocido, salte a la fama y que el precio de su obra aumente, explica la existencia de esta demanda especulativa en el terreno de la cultura. Concretamente, constituye un incentivo económico para el descubrimiento y la promoción de pintores y escultores desconocidos[3].

Tampoco debe excluirse a priori en otras áreas del arte y la cultura la «producción y financiación a través del mercado». En el caso de los teatros o museos de arte en el «mercado libre», los costes se cubren sólo con los ingresos de taquilla. La valoración de la representación corresponde únicamente al público asistente, como manda una de las premisas fundamentales de la economía de mercado. Si un establecimiento no consigue atraer clientes ya puede preparase a cerrar las puertas. En el mercado libre la empresa es flexible ya que no está sometida a limitaciones administrativas, y no intervienen expertos gubernamentales ni organismos burocráticos en la valoración del contenido de la oferta artística.

Claro está que el mercado también reduce considerablemente la capacidad de maniobra de los proveedores de arte y puede convertirse, aunque no necesariamente, en un obstáculo para la innovación. Esto parece que es lo que sucede en el caso, por ejemplo, de los grandes teatros de ópera americanos, administrados privadamente. Sólo sobreviven si las representaciones están casi enteramente vendidas (el Metropolitan por ejemplo, realiza sus presupuestos contando con una asistencia del 96%). Por lo tanto, las composiciones modernas suponen un riesgo que las excluye de un repertorio centrado en las obras de Verdi, Puccini, Rossini y Wagner[4].

El argumento fundamental contra la solución de financiar el arte exclusivamente a través del mercado es que, debido a la dimensión de «bien público» del «producto» artístico, el precio de mercado no compensa a los “empresarios” privados por toda la utilidad o beneficio que dan a la sociedad[5].

El aumento del apoyo estatal al arte y la cultura no tiene por qué identificarse con la concesión de fondos públicos adicionales. Son medidas que se llaman «facilitadoras del mercado», que gozan de la ventaja de no requerir la intervención de organismos públicos para juzgar la calidad de un «producto» artístico. Su fin es mejorar la creación y las condiciones de venta de los artistas y facilitar el acceso al arte de los consumidores.

Diversas medidas se han propuesto por autores de diferentes disciplinas. El examen y la flexibilización de las regulaciones administrativas y la eliminación de las restricciones burocráticas; las desgravaciones de impuestos a los particulares y empresas privadas que hagan donaciones a instituciones sin ánimo de lucro (Estados Unidos, por ejemplo, los contribuyentes pueden deducirse hasta un 50% de sus donaciones brutas a instituciones benéficas y culturales y las empresas hasta un 10%) y, por último, subvenciones en forma de una suma global sin referirla al resultado, a la inversión o a los precios. Según diversos autores permiten, por lo menos a corto plazo, la supervivencia de los artistas y de las instituciones que, de otra manera, habrían tenido que cerrar por razones comerciales. Son de especial ayuda en el caso de los grupos teatrales de artistas jóvenes que así pueden vencer las dificultades financieras iniciales. Si se les concede durante largos períodos y acompañadas de una obligación de devolverlas si el grupo obtiene un superávit. [6]

Otra opción son las subvenciones directas como un tanto fijo sobre las entradas, subvenciones en función del déficit previsto (que supone una negociación previa entre la institución y el estado) o una subvención mediante una cantidad fija no relacionada con las variables de gestión[7].

Por último, tendríamos opciones alternativas atendiendo a diferentes objetivos como bonos culturales a colectivos determinados (sobre experiencias relacionadas hay bastante literatura publicada) o estimar las externalizaciones totales que sobre la industria y el comercio tienen el conjunto de instituciones culturales y bienes de patrimonio histórico de un área o ciudad, y en función de ellas transferir un fondo de compensación que gestionaría un patronato común de las instituciones culturales.[8]

Sea cual fuere las medidas a adoptar, el planteamiento de si privatizar o no la gestión cultural sigue siendo un debate abierto a diferentes posturas.


[1] En EEUU en 1990 el gobierno a portó 900 millones de dólares complementado con 650 millones de donaciones. En Reino Unido 1,4 billones de dólares con una pequeña de donaciones. Ver Champarmaud et al (2008) Can public arts edutacion replace arts subsidization?. Journal Cultural Economics.32:109-126; Maresca, B., & Pouquet, L. (2000). “Les dépenses culturelles des Franc¸ais au milieu des anne´es 1990”Département des Etudes et de la Prospective ;

[2] Frey, B. (2000) “Economía del arte”. Colección estudios económicos. La Caixa

[3] Opus cit. Frey (2000)

[4] Martorella, R. (1977): “The relationship between box office and repertoire: a case study of Opera“, Sociological Quarterly, 18 (no. 2): 354-366.

[5] Grampp, W. (1986/87): “Should the arts support themselves? “. Economic Affairs, 6 (diciembre/enero): 41-43. Grampp, W. (1983): “On subsidizing art museums». Multicopia, University of Illinois, Chicago, mayo. Baumol, W. y Bowen, W. (1966): Performing Arts-The Economic Dilemma. Cambridge, MA: Twentieth Century Fox.

[6] Opus cit. Frey (2000)

[7] Dupuis, X. (1983) “La Surqualité: le spectacle subventionné maladie de la bureaucratie?”.En Revue Economique 34

[8] West, E.(1985) “Art Vouchures to replace grants”, Economic Affairs 6; Baumol, W. (1979): “On two experiments in the pricing of theatre tickets” en Economics of Human Welfare y Bridges,G.(1977), “Cultural Vouchures”, en Museum News 74

Por amor al arte

Hace unos días hablaba con una amiga artista y me contaba maravillada la historia de un coleccionista. El Sr. X, por eso de guardar su anonimato, es un entusiasta del arte, él se enamora de las obras de arte y las compra. Pero resulta que el Sr. X no es rico, es un funcionario de unos cuarenta años que para adquirir su pasión pide préstamos, tiene un apartamento sin sillón y su familia le echa la bronca por “gastarse dinero” en arte. Pero a él no le importa, asiste a ferias como ARCO, visita galerías, lee asiduamente revistas de arte y compra cuando cae rendido ante una pieza. El Sr. X disfruta con su pasión, el arte, y el artista quiere más coleccionistas así. Los últimos veinticinco años el arte ha experimentado una evolución hacia lo que llamamos economía de mercado donde los precios se rigen por las variaciones de oferta y demanda. En el momento que el precio del arte ha sido objeto de especulación, han entrado “inversores” dispuestos a enriquecerse a costa de comprar y vender. Muchos de estos “Sres. Y” no buscan el disfrute del arte, no se entusiasman colgando las obras en su casa u oficina, no les interesan asistir a ferias o galerías y, en muchos de los casos, compran un nombre pero desconocen la trayectoria artística y el lenguaje plástico del autor. Esta tendencia se ha acelerado durante los últimos cinco años en mercados, como el chino donde los precios de artistas, con un escaso curriculum, subían a 150.000 dólares durante las subastas. Pero esto un arma de doble filo.

Según publica Art Price, web especializada en información del mercado del arte, los precios en Estados Unidos entre el 2005 y el 2008 crecieron un 67% y la rentabilidad media anual está cercana al 10%. La recesión internacional está produciendo una corrección de los precios inflados artificialmente, fundamentalmente, por la salida de muchos de los “Sres. Y”. Los galeristas luchan por defender su mercado ya que el arte no puede perder valor, como argumentaba Soledad Lorenzo. Pero la realidad es que internacionalmente las subastas han tenido a favorecer la especulación y nos encontramos ante una situación de ajuste.

Volvemos al Sr. X, el amante entusiasta del arte, a él no le va a importar las variaciones en los precios, todo lo contrario, las va a aprovechar para comprar más barato. Él va a seguir formándose y disfrutando con sus adquisiciones. En su mente el arte es un valor refugio frente a la especulación. ¡Menos mal que existen muchos Sres. X, verdaderos pilares del mercado del arte!. ¡Ojala se comprase más por amor al arte!

Coleccionar arte es un placer y una buena inversión pero si queremos garantía de una correcta adquisición, mejor hacerlo de la mano de expertos como Arte Global.

El arte es un activo sujeto a criterios económicos de oferta y demanda. La situación internacional actual nos habla de recesión económica y el mercado del arte, por tanto se verá afectado. Sin embargo su repercusión será mucho menor que en otros sectores, concretamente si recurrimos a valores sólidos y contrastados. Es en esta situación donde el conocimiento de un asesor es importante ya que no todos los artistas ni todas las obras van a ser valor refugio.

La prestigiosa web Art Price publica que el crecimiento medio del mercado del arte, entre 2005 y 2008, ha sido del 49% (frente al 24,5 % del Down Jone en el mismo periodo), sin embargo, la crisis financiera se notará en el arte a través de una corrección de precios, concretamente en aquellos artistas que están sobrevalorados y la salida de especuladores, que incrementaban de forma artificial el valor de algunas obras.

Durante las crisis surgen las mejores oportunidades de compra a precios más bajos que en periodos de crecimiento económico. El asesor seleccionará según criterios de calidad de la obra, trayectoria del artista, colecciones de prestigio que tienen obra y precio de la misma. Éste es quizás el aspecto más importante, pues el valor que se le ofrece a un coleccionista puede esconder una cadena de intermediarios que encarece el precio.

El asesor, al ser independiente y trabajar para el coleccionista, buscará la pieza de mayor calidad al mejor precio evitando el fraude de falsificaciones y de dudosa procedencia.

 

Desde los años setenta existe un gran interés por parte de los economistas en analizar econométrica y matemáticamente el mercado del arte, con parámetros próximos a los empleados en el mercado bursátil e inmobiliario. En 1977 John Picard Stein escribió en Journal of Political Economics que el arte es un bien económico por su doble vertiente de objeto de consumo y de activo financiero “son bienes especulativos ya que la demanda determina la apreciación futura del precio y la apreciación futura del precio determina la demanda”. En 1991 otro economista, William Grampp (autor del libro Arte, inversión y mecenazgo) escribió “el arte puede ser considerado un bien capital si se espera que rinda utilidad con su posesión y disfrute”.

Considero estas dos reflexiones muy importantes ya que no sólo nos hablan del papel del arte como objeto que genera placer, reflexión, deleite, sino que en el momento que se le da un precio y se ofrece para su venta adquiere connotaciones de bien económico y por tanto su valor monetario puede sufrir oscilaciones en el tiempo. Es en este momento cuando hablamos de revalorización económica de artistas, de incremento o bajada de precios, de movimientos especulativos, de rentabilidad del arte, en definitiva podemos equiparar la inversión en arte a otros activos.

A nivel mundial existen varios índices que analizan la evolución de los precios del arte siendo los más importantes el Mei Moses Art Index (realizado por dos profesores de economía de la Universidad de New York), Artprice Global Index (creado por la prestigiosa web de información de mercado del arte Artprice. Conviene señalar que la evolución de precios analizada en estos índices hace referencia al mercado secundario, es decir, al de subastas, pues es el único donde se hace público el precio de salida y el precio de remate o de venta.

A lo largo del año 2007 la tendencia alcista de los precios del arte se ha incrementado gracias a la aceleración de sus mercados principales. A nivel mundial el índice Artprice generó un incremento de un 18% respecto al año anterior, dos puntos por debajo del máximo histórico de 1990. Si tenemos en cuenta el índice de precios Mei Moses Index, el crecimiento del mismo ha sido más de un 20% por encima del índice bursátil S&P500 de los últimos diez años.

El potencial de beneficios económicos está presente pero no es suficiente querer coleccionar o invertir, hay que conocer el mercado muy bien. Los peligros forman parte de un mercado poco transparente que carece de control oficial y es, ciertamente complejo. Falsificaciones, sobreprecios, liquidez no inmediata, alto grado de especialización y conocimiento del mercado, entre otros, son problemas a los que se puede enfrentar un coleccionista que no acude de la mano de un buen asesor de arte. El asesoramiento de un buen especialista independiente, objetivo y que conozca bien el mercado nacional e internacional, puede ayudar a formar una colección minimizando los problemas del mercado. Thea Westreich en Estados Unidos o Philippe Segalot en Francia o Arte Global en España, de la cual soy socia, o son algunos ejemplos de consultoras de arte.

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